Como afrontar un cambio de paradigma III: Nos ponemos en marcha.

Y llega el momento de aplicar todo lo dicho sobre las resistencias y la culpa usando el Diccionario Bio-Emocional 2016. Voy a poner algún pequeño ejemplo de uso diario para que nos podamos ver reflejados todos y sacarle algún provecho. No os preocupéis si todavía vamos lentos, nos perdemos, o se nos escapan conceptos, todo se andará y todo llegará a su tiempo. De momento veamos el caso de un resfriado de larga duración, de los que solemos decir que no se han curado bien o están mal-curados.

Nos damos cuenta que hace dos semanas que tenemos un resfriado que no termina de irse. Quizá no tenga unos síntomas muy fuertes ni nos impida hacer muchas de las cosas habituales pero, por alguna razón que desconocemos, parece que quiere seguir con nosotros bastantes días más. De repente nos preguntamos: “¿Tendrá este resfriado un origen emocional? ¿Podrá la “bio” ayudarme? Voy a mirar el diccionario”.

En este momento, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que la resistencia ya nos lleva ventaja. Concretamente dos semanas de ventaja. Lo segundo, y muy importante, es “no sentirnos culpables por ello” o la resistencia habrá ganado. Estas semanas de retraso, responden simplemente a querer afrontar el resfriado desde el paradigma de la medicina convencional que dice: “Se me ha metido dentro un resfriado que deambulaba por alguna parte y debo luchar contra él para que se vaya de mi interior. Debo acabar con él”. Esto no es malo, muchas veces los resfriados vienen y se van solos y controlando los síntomas con una medicación suave o incluso natural, podemos pasar el mal momento casi sin darnos cuenta. El problema radica en que no hemos sido conscientes de que hemos escogido este paradigma y dejado de lado otros. El paradigma del tratamiento convencional, apareció y se puso en marcha de forma automática.

Bien, ahora lo vemos, por lo tanto, ahora podemos actuar. ¿Cuál es la resistencia que se nos ha pasado? Muy fácil, la de escuchar el mensaje del resfriado. No hemos querido hacerlo antes, no hemos pensado en ello, no se nos ocurrió o no lo vimos importante… Primera resistencia localizada y ¡atención! Primera culpa que aparece: “Debí verlo, debí hacer algo, es culpa mía por no poner atención…”. Fijémonos que mientras nos culpamos por no haber hecho nada antes, seguimos sin hacer nada y, además, las ganas de hacer algo distinto al respecto se disipan. De repente nos olvidamos del diccionario y nos apetece otra aspirina u otro zumo de limón con agua caliente y miel.

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Bien, pues vamos a poner consciencia y a parar los efectos de esa culpa. Vamos a perdonarnos por no haber visto esto antes, no tiene más importancia. Tampoco hace falta culpar al “ego”, muchas veces solemos hacerlo: “¡Claro! El ego me engaña y me hizo creer que la mejor solución era otra, maldito ego…”. Se trata del mismo proceso, la culpa y la resistencia. Me culpo a mí o culpo a otro (en este caso al ego), solo que cuando culpo a otro (proyección) no puedo hacer nada al respecto; he perdido el control. Por muchas ganas que tengamos de ir a los juzgados a poner una demanda a nuestro ego por perpetuar un resfriado, mejor será tomar otro camino, me temo que la demanda no prosperaría… No sigamos pues por ahí y vamos a probar de perdonar.

Perdonar significa ver la resistencia y la culpa y seguidamente quitarle la importancia que nosotros le hemos damos, y que en realidad no tiene. Podemos fijarnos, y eso nos será de gran ayuda para situarnos, que tanto el proceso de resistencia como la culpa siempre aparecen cuando estamos abducidos en el pasado o el futuro, así que, una forma de comprobar la eficacia del perdón será observar como finalmente volvemos al presente sintiéndonos libres de culpa.

Ahora sí, ahora podemos volver a la búsqueda con normalidad. Podemos ver que, una vez nos libramos de la culpa, nos vuelve a apetecer buscar una solución en el diccionario. Y si por esas cosas ya nos hemos preparado el zumo de limón con agua caliente y miel, pues nos lo tomamos mientras leemos, que bueno será.

Otra cosa: cuando nos ponemos a leer el diccionario, solemos ir directamente al apartado “Conflictos”, eso es debido a que seguimos otro tipo de paradigma basado en otra resistencia y otra culpa. Concretamente el que dice que “la enfermedad es culpa de un conflicto (proyección) que no supimos ver (aceptación de la culpa)”. Evidentemente se trata de otra resistencia (culpa), que sigue el mismo patrón anterior: “Debo localizar el conflicto y erradicarlo”. En realidad hemos cambiado el concepto de “el resfriado se me metió dentro” por el de “fue el conflicto el que se me metió dentro”, pero si nos fijamos, seguimos en las mismas. En resumen estamos en: “hay algo que es malo, que es externo a mí (y por lo tanto no soy yo) que me hace daño y debo luchar contra ello”.

En realidad no existe nada “malo”, simplemente una experiencia que al percibirla, juzgamos como “mala” debido a unas creencias que así nos lo indican. La definición de conflicto que usamos en “bio” y debemos comprender (e instalar definitivamente en nuestro sistema operativo) es la siguiente:

Conflicto: Oposición entre dos ideas/creencias que nos hacen pensar/actuar en direcciones opuestas de forma consciente o inconsciente.

Y muy importante: Muchas veces una idea/creencia es consciente y la que está en oposición es inconsciente, por eso no vemos el conflicto.

A la luz de esta nueva definición, de repente ya no existe culpa, solo error. La solución del conflicto pasa por localizar las dos ideas/creencias y reconciliarlas o tomar una decisión sobre una u otra.

(Hago un paréntesis para explicar que la primera opción: reconciliar las opciones, sería una opción en femenino mientras que la segunda, la de tomar una decisión sería en masculino. De esto hablábamos con Víctor en la entrevista publicada en el último post, cuando salió lo de “cortar” y de que la “bio” actúa demasiado en masculino. Y esta es la idea general que se puede desprender del prólogo del diccionario y que tanto me gustó de Víctor. Esto se debe a que por el tipo de mundo o sociedad en la que vivimos, se ha popularizado la respuesta a la que estamos más acostumbrados, la respuesta masculina. Eso no significa que los buenos terapeutas no usen las dos formas, ni que una se enseñe más que otra, simplemente viene por una inercia de una sociedad masculinizada. En un momento determinado puede ser muy útil cortar algo y tomar una decisión, se trata de una respuesta rápida para una situación urgente. En otros momentos, lo mejor será profundizar para encontrar la reconciliación de las ideas/creencias).

Por lo tanto, una vez visto esto y siguiendo adelante, nos encontramos de repente ante el hecho de que: La resolución del conflicto, o sea, nuestra salud, es responsabilidad nuestra. Y esa responsabilidad pasa por comprender el conflicto u oposición de ideas/creencias.

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Soy consciente de que hay una gran resistencia en este punto de asumir la responsabilidad. Quizá nos digamos: “Hombre, para un resfriado, estoy de acuerdo que tengamos una responsabilidad, pero ¿qué me dices de un cáncer? ¿O de una leucemia que acaba con la vida de un niño?”. El poder de la culpa en nosotros es mucho mayor de lo que ni siquiera somos capaces de imaginar, solo que no lo notamos mientras nos movemos en paradigmas bien delimitados y conocidos. A medida que nos adentremos y profundicemos en el concepto de Solución biológica, iremos comprendiendo más todo esto y nos será más fácil ampliar horizontes. Sigamos pues, de momento, con el resfriado que nos atormenta de hace días, que siempre es más fácil de aceptar y comprender.

En el siguiente post estudiaré un caso de resfriado siguiendo la entrada “CATARRO” del diccionario Bio-Emocional 2016.

Hasta entonces, un fuerte abrazo y no os resfriéis.

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