Como afrontar un cambio de paradigma IV: Reparando conflictos y reajustando percepciones. Un resfriado.

Empezamos por leer lo siguiente en la entrada CATARRO, apartado técnico:

“…Conflicto de enfado, intrusión e inquietud…”, por eso mucha gente familiarizada con este concepto te pregunta cuando estás resfriado: “¿Con quién te has peleado?”. Y seguimos adelante. “…Vagotonía: En fase de reparación del conflicto se repara la ulceración, se inflama la membrana de la mucosa y puede producirse sangrado por la nariz (epistaxis), congestión y descarga nasal de los remanentes de la reparación, estornudos, edema cerebral (que causa dolor de cabeza) y fatiga.”.

 

Tenemos una primera información importante: El catarro o resfriado aparece en “Vagotonía”. A veces al no saber exactamente qué significan estos términos los pasamos por alto y continuamos, pero son de vital importancia para comprender el origen del resfriado y mejorar o detener sus síntomas. Para ello debemos entrar en el análisis de las etapas de la “enfermedad”. Voy a hacer un pequeño resumen de las 4 fases enseguida:

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Normotonía: Fase sin conflicto en la que el cuerpo sigue los ritmos biológicos normales. No existe enfermedad ni síntomas. Es nuestro día a día.

Simpaticotonía: Fase de conflicto activo. En esta fase se activa el sistema nervioso simpático y hay estrés del cuerpo, pues la amenaza está viva y totalmente presente. El cuerpo se adapta a la situación para superar la exigencia. Por ejemplo: nos sentimos amenazados en el territorio por nuestra pareja que se muestra agresiva. Pueden existir síntomas o no dependiendo del conflicto. Solemos estar en tensión y nos es difícil dormir o descansar bien durante esta fase. Es normal despertarse sobre las 3 de la madrugada.

Vagotonía: Fase de reparación del conflicto. En esta fase se activa el sistema nervioso vagotónico y el cuerpo entra en un estado de descanso para poder reparar las “reformas” que se necesitaron hacer en la fase del conflicto. Por ejemplo: La pareja se ha ido de nuestro territorio y el peligro ha pasado. Pueden existir síntomas, como en el caso del resfriado. Es característico de esta fase el cansancio y las ganas de dormir. Esta fase se divide en dos partes. La primera, llamada exudativa, se produce una reparación de los tejidos afectados y en la que se suele producir un edema cerebral en el relé afectado para proteger el cerebro de la reparación que se lleva a cabo. En la segunda fase, llamada cicatricial, se produce una limpieza (como cuando se retiran los escombros después de una obra) y se eliminan los restos del organismo incluido el líquido del edema cerebral.

Crisis épica o epileptoide: Entre las dos fases de vagotonía, aparece lo que llamamos crisis épica y que es una entrada del cuerpo en simpaticotonía. Vendría a ser como un encendido de máquinas para comprobar que la reparación ha tenido éxito y podemos volver a la normalidad, comprobar que el conflicto haya desaparecido y todo vuelve a funcionar con normalidad. Algunos la llaman “la prueba del algodón”. Si el conflicto sigue activo o la reparación ha sido insuficiente, se vuelve hacia atrás y pueden aparecer problemas de nuevo.

En nuestro caso tenemos un resfriado que no termina de desaparecer, por lo tanto deducimos que la reparación no puede cerrarse por no haber pasado la “prueba del algodón”. Nuestro organismo empieza la reparación del conflicto pero llegados a la crisis épica, saltan las alarmas y volvemos a repetir los ciclos. Esto puede eternizarse si el conflicto no ha desaparecido del todo, o se trata de un conflicto que se activa intermitentemente. Es por lo tanto de vital importancia, darse cuenta de que el conflicto, aunque parezca haber pasado, sigue activo para el inconsciente en alguna parte. También es muy importante en la fase de vagotonía, darle un cierto espacio al cuerpo para que pueda hacer su trabajo. No es conveniente tomarse la pastillita o el jarabe y seguir con el mismo ritmo frenético habitual de nuestras vidas. Por lo tanto:

  1. Vamos a darle descanso al cuerpo.
  2. Vamos a identificar el conflicto que apareció y nos afectó antes de la aparición de los síntomas del resfriado (simpaticotonía) y que no ha desaparecido del todo en vagotonía.

El apartado Sentido Biológico del diccionario nos cuenta el “para qué” nuestro cuerpo ha reaccionado y reacciona como lo hace. Podemos leer:

En la fase activa del conflicto hay ulceración de las mucosas nasales (y a veces laringe y bronquios) para poder aspirar mas aire (vida, territorio) y responder mejor al conflicto. En fase de reparación se inflaman las mucosas para restituir el tejido ulcerado… Observemos que el catarro aparece después de una semana de reuniones conflictivas, el día después de terminar exámenes y mayoritariamente en viernes que es cuando nos damos permiso para reparar. El mismo resfriado te obliga a descansar, a tomar ciertas posturas, a dormir más ratos, a proyectar menos energía en los problemas.”

De esto podemos deducir que el conflicto llevó al cuerpo a actuar en el sentido de la necesidad de más aire en las vías aéreas superiores. El cuerpo ulceró en fase activa para poder permitir la entrada de más aire (vida) en los pulmones (territorio). De ahí la búsqueda del conflicto en algo relacionado con la pérdida de vida en el territorio. Ha habido “disputas en el territorio”.

Así podemos llegar a formularnos la pregunta adecuada que nos permitirá descubrir el conflicto oculto en nuestro inconsciente: “¿Qué conflicto de inquietud, amenaza o disputa (pelea) en el territorio (vital, personal, laboral, intelectual…) he tenido, con especial virulencia antes de la aparición de los síntomas, que disminuyo poco antes de que estos aparecieran, pero que no ha desaparecido del todo?”.

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Es probable que descubramos, por ejemplo, que el profesor nos puso un examen sorpresa (amenaza) que no me fue bien y afectó a mis notas (territorio intelectual). Una vez el examen pasó, sigue quedando la posibilidad de que el mismo profesor al que veo cada día aparezca de nuevo con un examen sorpresa amenazador e invada de nuevo mi territorio, por lo tanto el conflicto sigue activo.

Una vez localizado el conflicto puede pasar que se produzca una rápida comprensión de la situación y se repare automáticamente. Vemos que es una tontería el miedo a suspender porqué desde entonces estamos estudiando con más regularidad. O vemos que realmente tenemos miedo porqué “no queremos suspender” pero “no estudiamos” con lo cual la reparación puede aparecer en el momento en que decidamos estudiar de nuevo y ponernos al día. Pero ¡atención! El conflicto también desaparecerá si decidimos que no nos importa aprobar la asignatura. El conflicto se resuelve con coherencia, no con normas éticas o morales. El sistema es el siguiente:

Si no quiero suspender y no estudio = Conflicto.

Si me da igual suspender y no estudio = Coherencia.

Si no quiero suspender y estudio = Coherencia.

Ya por último, puede que el conflicto sea más complejo que esto. Puede que no queramos estudiar, nos dé igual suspender, pero nuestro padre sea muy estricto con nuestros estudios. En ese caso es probable que la amenaza en el territorio no sea el profesor ni el examen sino nuestro padre (amenaza) en nuestra casa o en nuestra vida (territorio). Entonces igualmente deberemos buscar la coherencia pero no jugando con los términos “profesor, examen, estudios” sino con “padre, vida, casa, estudios”. Entonces se nos abre otro tipo de conflicto: No podemos ser fiel a nuestras creencias y a las de nuestro padre a la vez. ¿Podemos encontrar una reconciliación? ¿Puedo hacer pasar mis creencias por encima de las suyas y tomar el control de mi vida? ¿Puedo aceptar las creencias de mi padre a cambio de mi salud? ¿Puedo hablar con él de lo que me preocupa? Pero lo más importante es que: Tomando conciencia del conflicto y de las posibles soluciones, afronto la situación y dejo que sea mi biología quien lo haga por mí.

Lo dejo aquí porque, como podéis ver, la búsqueda puede ser infinita y podemos encontrar conflictos unidos que se remontan más y más atrás en el tiempo o que unen a más y más personas… pero al final siempre se trata de lo mismo:

¿Soy capaz de asumir y afrontar el cambio de paradigma que la vida me propone?

Y la respuesta es siempre SI.

Gracias a todos. Un fuerte abrazo.

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Como afrontar un cambio de paradigma III: Nos ponemos en marcha.

Y llega el momento de aplicar todo lo dicho sobre las resistencias y la culpa usando el Diccionario Bio-Emocional 2016. Voy a poner algún pequeño ejemplo de uso diario para que nos podamos ver reflejados todos y sacarle algún provecho. No os preocupéis si todavía vamos lentos, nos perdemos, o se nos escapan conceptos, todo se andará y todo llegará a su tiempo. De momento veamos el caso de un resfriado de larga duración, de los que solemos decir que no se han curado bien o están mal-curados.

Nos damos cuenta que hace dos semanas que tenemos un resfriado que no termina de irse. Quizá no tenga unos síntomas muy fuertes ni nos impida hacer muchas de las cosas habituales pero, por alguna razón que desconocemos, parece que quiere seguir con nosotros bastantes días más. De repente nos preguntamos: “¿Tendrá este resfriado un origen emocional? ¿Podrá la “bio” ayudarme? Voy a mirar el diccionario”.

En este momento, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que la resistencia ya nos lleva ventaja. Concretamente dos semanas de ventaja. Lo segundo, y muy importante, es “no sentirnos culpables por ello” o la resistencia habrá ganado. Estas semanas de retraso, responden simplemente a querer afrontar el resfriado desde el paradigma de la medicina convencional que dice: “Se me ha metido dentro un resfriado que deambulaba por alguna parte y debo luchar contra él para que se vaya de mi interior. Debo acabar con él”. Esto no es malo, muchas veces los resfriados vienen y se van solos y controlando los síntomas con una medicación suave o incluso natural, podemos pasar el mal momento casi sin darnos cuenta. El problema radica en que no hemos sido conscientes de que hemos escogido este paradigma y dejado de lado otros. El paradigma del tratamiento convencional, apareció y se puso en marcha de forma automática.

Bien, ahora lo vemos, por lo tanto, ahora podemos actuar. ¿Cuál es la resistencia que se nos ha pasado? Muy fácil, la de escuchar el mensaje del resfriado. No hemos querido hacerlo antes, no hemos pensado en ello, no se nos ocurrió o no lo vimos importante… Primera resistencia localizada y ¡atención! Primera culpa que aparece: “Debí verlo, debí hacer algo, es culpa mía por no poner atención…”. Fijémonos que mientras nos culpamos por no haber hecho nada antes, seguimos sin hacer nada y, además, las ganas de hacer algo distinto al respecto se disipan. De repente nos olvidamos del diccionario y nos apetece otra aspirina u otro zumo de limón con agua caliente y miel.

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Bien, pues vamos a poner consciencia y a parar los efectos de esa culpa. Vamos a perdonarnos por no haber visto esto antes, no tiene más importancia. Tampoco hace falta culpar al “ego”, muchas veces solemos hacerlo: “¡Claro! El ego me engaña y me hizo creer que la mejor solución era otra, maldito ego…”. Se trata del mismo proceso, la culpa y la resistencia. Me culpo a mí o culpo a otro (en este caso al ego), solo que cuando culpo a otro (proyección) no puedo hacer nada al respecto; he perdido el control. Por muchas ganas que tengamos de ir a los juzgados a poner una demanda a nuestro ego por perpetuar un resfriado, mejor será tomar otro camino, me temo que la demanda no prosperaría… No sigamos pues por ahí y vamos a probar de perdonar.

Perdonar significa ver la resistencia y la culpa y seguidamente quitarle la importancia que nosotros le hemos damos, y que en realidad no tiene. Podemos fijarnos, y eso nos será de gran ayuda para situarnos, que tanto el proceso de resistencia como la culpa siempre aparecen cuando estamos abducidos en el pasado o el futuro, así que, una forma de comprobar la eficacia del perdón será observar como finalmente volvemos al presente sintiéndonos libres de culpa.

Ahora sí, ahora podemos volver a la búsqueda con normalidad. Podemos ver que, una vez nos libramos de la culpa, nos vuelve a apetecer buscar una solución en el diccionario. Y si por esas cosas ya nos hemos preparado el zumo de limón con agua caliente y miel, pues nos lo tomamos mientras leemos, que bueno será.

Otra cosa: cuando nos ponemos a leer el diccionario, solemos ir directamente al apartado “Conflictos”, eso es debido a que seguimos otro tipo de paradigma basado en otra resistencia y otra culpa. Concretamente el que dice que “la enfermedad es culpa de un conflicto (proyección) que no supimos ver (aceptación de la culpa)”. Evidentemente se trata de otra resistencia (culpa), que sigue el mismo patrón anterior: “Debo localizar el conflicto y erradicarlo”. En realidad hemos cambiado el concepto de “el resfriado se me metió dentro” por el de “fue el conflicto el que se me metió dentro”, pero si nos fijamos, seguimos en las mismas. En resumen estamos en: “hay algo que es malo, que es externo a mí (y por lo tanto no soy yo) que me hace daño y debo luchar contra ello”.

En realidad no existe nada “malo”, simplemente una experiencia que al percibirla, juzgamos como “mala” debido a unas creencias que así nos lo indican. La definición de conflicto que usamos en “bio” y debemos comprender (e instalar definitivamente en nuestro sistema operativo) es la siguiente:

Conflicto: Oposición entre dos ideas/creencias que nos hacen pensar/actuar en direcciones opuestas de forma consciente o inconsciente.

Y muy importante: Muchas veces una idea/creencia es consciente y la que está en oposición es inconsciente, por eso no vemos el conflicto.

A la luz de esta nueva definición, de repente ya no existe culpa, solo error. La solución del conflicto pasa por localizar las dos ideas/creencias y reconciliarlas o tomar una decisión sobre una u otra.

(Hago un paréntesis para explicar que la primera opción: reconciliar las opciones, sería una opción en femenino mientras que la segunda, la de tomar una decisión sería en masculino. De esto hablábamos con Víctor en la entrevista publicada en el último post, cuando salió lo de “cortar” y de que la “bio” actúa demasiado en masculino. Y esta es la idea general que se puede desprender del prólogo del diccionario y que tanto me gustó de Víctor. Esto se debe a que por el tipo de mundo o sociedad en la que vivimos, se ha popularizado la respuesta a la que estamos más acostumbrados, la respuesta masculina. Eso no significa que los buenos terapeutas no usen las dos formas, ni que una se enseñe más que otra, simplemente viene por una inercia de una sociedad masculinizada. En un momento determinado puede ser muy útil cortar algo y tomar una decisión, se trata de una respuesta rápida para una situación urgente. En otros momentos, lo mejor será profundizar para encontrar la reconciliación de las ideas/creencias).

Por lo tanto, una vez visto esto y siguiendo adelante, nos encontramos de repente ante el hecho de que: La resolución del conflicto, o sea, nuestra salud, es responsabilidad nuestra. Y esa responsabilidad pasa por comprender el conflicto u oposición de ideas/creencias.

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Soy consciente de que hay una gran resistencia en este punto de asumir la responsabilidad. Quizá nos digamos: “Hombre, para un resfriado, estoy de acuerdo que tengamos una responsabilidad, pero ¿qué me dices de un cáncer? ¿O de una leucemia que acaba con la vida de un niño?”. El poder de la culpa en nosotros es mucho mayor de lo que ni siquiera somos capaces de imaginar, solo que no lo notamos mientras nos movemos en paradigmas bien delimitados y conocidos. A medida que nos adentremos y profundicemos en el concepto de Solución biológica, iremos comprendiendo más todo esto y nos será más fácil ampliar horizontes. Sigamos pues, de momento, con el resfriado que nos atormenta de hace días, que siempre es más fácil de aceptar y comprender.

En el siguiente post estudiaré un caso de resfriado siguiendo la entrada “CATARRO” del diccionario Bio-Emocional 2016.

Hasta entonces, un fuerte abrazo y no os resfriéis.

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