5ª Ley de Hamer: La Quintaesencia.

Voy a empezar saltándome el orden de las leyes y empezando por la quinta ley, pues la considero esencial (de hecho se llama la quintaesencia, que alude a su pureza o factor esencial) para que puedan ser comprendidas todas las demás. La ley dice:

La “enfermedad” debe ser entendida como un Programa Especial de la Naturaleza con Pleno Sentido Biológico (SBS) creado para resolver un conflicto biológico inesperado (emergencia biológica) y ayudar a la supervivencia del individuo o de su grupo, y que puede ser comprendido a través de la evolución de la vida. (https://www.pasadofuturo.com/nmg-5taley.htm)

Debemos empezar a darnos cuenta de que el propio concepto de “enfermedad” está terriblemente mal interpretado en nuestra sociedad actual, debido a una tradición de pensamiento que ha creído durante siglos (y aun sigue creyendo) en el concepto de “evolución competitiva”, que ha dado lugar a un incremento de la importancia del concepto de “error” para solucionar ciertas respuestas biológicas que escapan a la teoría competitiva (o sea, para justificar el paradigma y procurar que la realidad se adapte a él). Sabemos de la capacidad de la naturaleza para adaptarse a diferentes situaciones, pero a menudo olvidamos la idea de que la naturaleza responde a un todo mayor con un propósito global. A ese propósito le vamos a llamar “Vida” (con Mayúsculas).

drhamer

Cuenta Sergi Torres en uno de sus muchos e interesantes vídeos que al mudarse a una nueva casa (creo recordar que lo contaba en primera persona) observó que un árbol le impedía gozar de las excelentes vistas que la ventana de su habitación prometía y se planteó cortarlo. Desde ese mismo instante, el árbol empezó a secarse y decaer hasta que Sergi, al darse cuenta de ello, cambió su intención, dándole las gracias al árbol y pidiéndole que siguiera a su lado. Entonces el árbol revivió con fuerza de nuevo. Esta idea es difícil de aceptar desde el punto de vista darwiniano de la competición. Si nosotros fuésemos árbol seguramente diríamos: “Yo estaba antes, si no te gustan las vistas ¡ah! Se siente, búscate una nueva casa”. Pero desde la visión de unidad, la naturaleza o la “Vida” son una, y el proceso adaptativo es siempre a favor de esa unidad. Cuando una parte “ya no sirve”, se hace a un lado amablemente para dejar que la Vida en Mayúsculas pueda seguir su camino. De repente, desde este punto de vista, lo que llamamos “error” pasa a ser un motivo, algo que tiene un sentido. El dr. Hamer y todas las corrientes que se nutren de sus aportaciones, llama a eso un Sentido Biológico. Si podemos observar nuestro Todo Biológico desde ese prisma, nos daremos cuenta de que todos los procesos biológicos a los que llamamos enfermedad y basamos en la competitividad y el error, tienen en realidad un propósito mayor que no podíamos observar.

 

Las asociaciones (juicios) a las que estamos acostumbrados “Enfermedad = malo” y “Salud = Bueno” deben ser reconsiderados, pues provienen de un análisis parcial de los efectos percibidos y no de la globalidad del proceso. Otra cosa es que estos programas (SBS) actúen de una forma coherente con la realidad externa que estamos viviendo. Debemos tener presente estas dos consideraciones:

Primero, que estos programas son el resultado de años de evolución y lo que ha servido durante milenios, seguirá activo aun cuando la realidad externa haya cambiado (por ejemplo, ya no vivimos rodeados de peligros naturales, pero sí de peligros sociales).

Y segundo, recordar que el inconsciente no distingue externo de interno, o real de simbólico.

El lenguaje biológico tiene más que ver con los miles de años de formación y uso que con la interpretación consciente y limitada que hagamos de una situación conflictual concreta.

Por lo tanto, el error a corregir está en la consciencia de nuestras vidas y no en la reacción de nuestra biología.

Esto que podría parecer un peligro o incluso una falta de respeto es, en realidad, una muy buena noticia. Si lo que hasta ahora era considerado aleatorio, en verdad sigue una pauta, nosotros tenemos más que decir en lo respectivo al “control” de nuestra salud. Un cáncer ya no es algo aleatorio y maligno contra lo que hay que luchar sino una respuesta a “algo” que probablemente se nos ha pasado (un programa SBS). Tomar consciencia de ello puede restablecer la homeostasis y volver a nuestra “normalidad” biológica.

Como conclusión me atreveré a mencionar que el gran error que cometemos es creer que nuestras creencias, decisiones, forma de pensar, etc. Son acertadas, mientras que las reacciones de la naturaleza no lo son.

La incoherencia, el egoísmo y el miedo son los primeros factores que deberíamos tener en cuenta a la hora de analizar el posible origen de una enfermedad. Pero nuestra prepotencia nos induce a lanzar siempre la culpa de esta fuera.

Un fuerte abrazo.

Fuente foto: http://www.materialdenmg.com/entrevista-al-dr-hamer.html

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LAS 5 LEYES BIOLÓGICAS DEL DOCTOR HAMER.

Las cinco leyes que propuso el dr. Hamer son la base, el fundamento de todas las corrientes del nuevo pensamiento biológico. De su comprensión se deriva una buena actuación tanto a nivel terapéutico, como a nivel preventivo con respecto a la propia salud. Y el desconocimiento de alguna de ellas o la mala interpretación suele llevarnos a errores tanto en la fase de diagnóstico como en la decisión de seguir un tratamiento u otro. Por ello quiero presentarlas de modo descriptivo, analítico e incluso crítico (dentro de mis limitaciones) para que tanto los profesionales como los profanos podamos entrar y profundizar en la comprensión de su significado.

En mi parecer, y como suelo comentar con los que me conocen, esta visión de la biología debería ser de estudio obligatorio en la enseñanza general. No se trata de una visión excluyente ni se opone a lo que la ciencia médica actual conoce, aunque sí obliga a releer muchas de las conclusiones que se han popularizado y que, por desconocimiento, comodidad o simplemente hábito, hemos convertido en automatismos.

Cuando un paradigma ha echado raíces en nuestra psique, solemos defenderlo hasta el final consciente o inconscientemente, para lograr que la observación de la realidad que se nos presenta delante encaje perfectamente con él. Ya he hablado de ello en los primeros artículos titulados “Como afrontar un cambio de paradigma”. La necesidad de comprender lo que está pasando, junto a la necesidad de no ver la responsabilidad que yo puedo tener en ello, hacen que las resistencias actúen dirigiendo el proceso analítico y deductivo hacia un punto lo suficientemente alejado de esa “culpabilidad” que rechazo (ver: http://biodespertar.com/como-afrontar-un-cambio-de-paradigma-i-la-resistencia/).

La palabra responsabilidad sin embargo, significa “tener la capacidad de responder a algo” es decir, empoderarnos con respecto a lo que tenemos delante. Entonces, una vez eliminado el proceso de “culpa” y aceptado nuestra capacidad de responder, se nos abren nuevos caminos que podían parecernos invisibles hasta este momento.

Las leyes de Hamer son cinco y las comentaré todas en artículos separados. Pero primero quiero exponer el significado global y su intención para que luego podamos profundizar en cada una de ellas sin perder detalle y sabiendo perfectamente a lo que nos enfrentamos.

 

1ª Ley: La Ley Férrea: Esta ley nos habla del origen de la dolencia, enfermedad o Programa Especial con Sentido Biológico (SBS del inglés: “Significant Biological Special Program”). Nos presenta el concepto de DHS (Dirk Hamer Syndrome) o shock biológico que da comienzo al SBS para la adaptación.

2ª Ley: Las fases del SBS: Esta ley nos habla de las fases de la Biología una vez se ha disparado el DHS: La fase en que el conflicto está activo o simpaticotonía, en la que la biología se adapta al conflicto. Y las fases de reparación después de haberse resuelto el conflicto, también llamadas vagotonía: Fase exudativa, fase cicatricial y la epicrisis en medio.

3ª Ley: El origen de los tejidos: Según la ontogénesis (desarrollo embrionario) que sigue a la filogénesis (desarrollo de la especie) se divide el origen de los tejidos en cuatro etapas según la hoja germinal de la que proceden: Endodermo, Mesodermo antiguo, Mesodermo nuevo y Ectodermo. Además, todos los tejidos que derivan de la misma hoja germinal son controlados desde la misma parte del cerebro.

4ª Ley: Los Microorganismos: Esta ley nos habla de la función que los microorganismos (virus, bacterias…) desempeñan en los procesos biológicos. Estos aparecen siempre en la fase de reparación y tienen una función concreta y relacionada con la hoja germinal o etapa.

5ª Ley: La Quintaesencia: Esta ley nos habla del Programa Especial con Sentido Biológico (SBS) que he comentado con anterioridad y que se crea con la intención de resolver un conflicto biológico inesperado (DHS).

Mientras estaba recopilando información sobre las cinco leyes biológicas de Hamer para este nuevo grupo de artículos me topé con este maravilloso video de Alicia Ninou titulado “Aproximación a la Nueva Medicina Germánica “ y que en mi opinión no os podéis perder. No solamente da un una enfoque claro y muy comprensible de las leyes de Hamer, sino que además, todos los participantes en el documental son profesionales de la medicina convencional. Disfrutadlo:

La página original del vídeo es la que sigue:

Aproximación a la GERMÁNICA NUEVA MEDICINA I

Muchas gracias y hasta el siguiente artículo.

Un fuerte abrazo.

 

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Como afrontar un cambio de paradigma IV: Reparando conflictos y reajustando percepciones. Un resfriado.

Empezamos por leer lo siguiente en la entrada CATARRO, apartado técnico:

“…Conflicto de enfado, intrusión e inquietud…”, por eso mucha gente familiarizada con este concepto te pregunta cuando estás resfriado: “¿Con quién te has peleado?”. Y seguimos adelante. “…Vagotonía: En fase de reparación del conflicto se repara la ulceración, se inflama la membrana de la mucosa y puede producirse sangrado por la nariz (epistaxis), congestión y descarga nasal de los remanentes de la reparación, estornudos, edema cerebral (que causa dolor de cabeza) y fatiga.”.

 

Tenemos una primera información importante: El catarro o resfriado aparece en “Vagotonía”. A veces al no saber exactamente qué significan estos términos los pasamos por alto y continuamos, pero son de vital importancia para comprender el origen del resfriado y mejorar o detener sus síntomas. Para ello debemos entrar en el análisis de las etapas de la “enfermedad”. Voy a hacer un pequeño resumen de las 4 fases enseguida:

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Normotonía: Fase sin conflicto en la que el cuerpo sigue los ritmos biológicos normales. No existe enfermedad ni síntomas. Es nuestro día a día.

Simpaticotonía: Fase de conflicto activo. En esta fase se activa el sistema nervioso simpático y hay estrés del cuerpo, pues la amenaza está viva y totalmente presente. El cuerpo se adapta a la situación para superar la exigencia. Por ejemplo: nos sentimos amenazados en el territorio por nuestra pareja que se muestra agresiva. Pueden existir síntomas o no dependiendo del conflicto. Solemos estar en tensión y nos es difícil dormir o descansar bien durante esta fase. Es normal despertarse sobre las 3 de la madrugada.

Vagotonía: Fase de reparación del conflicto. En esta fase se activa el sistema nervioso vagotónico y el cuerpo entra en un estado de descanso para poder reparar las “reformas” que se necesitaron hacer en la fase del conflicto. Por ejemplo: La pareja se ha ido de nuestro territorio y el peligro ha pasado. Pueden existir síntomas, como en el caso del resfriado. Es característico de esta fase el cansancio y las ganas de dormir. Esta fase se divide en dos partes. La primera, llamada exudativa, se produce una reparación de los tejidos afectados y en la que se suele producir un edema cerebral en el relé afectado para proteger el cerebro de la reparación que se lleva a cabo. En la segunda fase, llamada cicatricial, se produce una limpieza (como cuando se retiran los escombros después de una obra) y se eliminan los restos del organismo incluido el líquido del edema cerebral.

Crisis épica o epileptoide: Entre las dos fases de vagotonía, aparece lo que llamamos crisis épica y que es una entrada del cuerpo en simpaticotonía. Vendría a ser como un encendido de máquinas para comprobar que la reparación ha tenido éxito y podemos volver a la normalidad, comprobar que el conflicto haya desaparecido y todo vuelve a funcionar con normalidad. Algunos la llaman “la prueba del algodón”. Si el conflicto sigue activo o la reparación ha sido insuficiente, se vuelve hacia atrás y pueden aparecer problemas de nuevo.

En nuestro caso tenemos un resfriado que no termina de desaparecer, por lo tanto deducimos que la reparación no puede cerrarse por no haber pasado la “prueba del algodón”. Nuestro organismo empieza la reparación del conflicto pero llegados a la crisis épica, saltan las alarmas y volvemos a repetir los ciclos. Esto puede eternizarse si el conflicto no ha desaparecido del todo, o se trata de un conflicto que se activa intermitentemente. Es por lo tanto de vital importancia, darse cuenta de que el conflicto, aunque parezca haber pasado, sigue activo para el inconsciente en alguna parte. También es muy importante en la fase de vagotonía, darle un cierto espacio al cuerpo para que pueda hacer su trabajo. No es conveniente tomarse la pastillita o el jarabe y seguir con el mismo ritmo frenético habitual de nuestras vidas. Por lo tanto:

  1. Vamos a darle descanso al cuerpo.
  2. Vamos a identificar el conflicto que apareció y nos afectó antes de la aparición de los síntomas del resfriado (simpaticotonía) y que no ha desaparecido del todo en vagotonía.

El apartado Sentido Biológico del diccionario nos cuenta el “para qué” nuestro cuerpo ha reaccionado y reacciona como lo hace. Podemos leer:

En la fase activa del conflicto hay ulceración de las mucosas nasales (y a veces laringe y bronquios) para poder aspirar mas aire (vida, territorio) y responder mejor al conflicto. En fase de reparación se inflaman las mucosas para restituir el tejido ulcerado… Observemos que el catarro aparece después de una semana de reuniones conflictivas, el día después de terminar exámenes y mayoritariamente en viernes que es cuando nos damos permiso para reparar. El mismo resfriado te obliga a descansar, a tomar ciertas posturas, a dormir más ratos, a proyectar menos energía en los problemas.”

De esto podemos deducir que el conflicto llevó al cuerpo a actuar en el sentido de la necesidad de más aire en las vías aéreas superiores. El cuerpo ulceró en fase activa para poder permitir la entrada de más aire (vida) en los pulmones (territorio). De ahí la búsqueda del conflicto en algo relacionado con la pérdida de vida en el territorio. Ha habido “disputas en el territorio”.

Así podemos llegar a formularnos la pregunta adecuada que nos permitirá descubrir el conflicto oculto en nuestro inconsciente: “¿Qué conflicto de inquietud, amenaza o disputa (pelea) en el territorio (vital, personal, laboral, intelectual…) he tenido, con especial virulencia antes de la aparición de los síntomas, que disminuyo poco antes de que estos aparecieran, pero que no ha desaparecido del todo?”.

exámenes

Es probable que descubramos, por ejemplo, que el profesor nos puso un examen sorpresa (amenaza) que no me fue bien y afectó a mis notas (territorio intelectual). Una vez el examen pasó, sigue quedando la posibilidad de que el mismo profesor al que veo cada día aparezca de nuevo con un examen sorpresa amenazador e invada de nuevo mi territorio, por lo tanto el conflicto sigue activo.

Una vez localizado el conflicto puede pasar que se produzca una rápida comprensión de la situación y se repare automáticamente. Vemos que es una tontería el miedo a suspender porqué desde entonces estamos estudiando con más regularidad. O vemos que realmente tenemos miedo porqué “no queremos suspender” pero “no estudiamos” con lo cual la reparación puede aparecer en el momento en que decidamos estudiar de nuevo y ponernos al día. Pero ¡atención! El conflicto también desaparecerá si decidimos que no nos importa aprobar la asignatura. El conflicto se resuelve con coherencia, no con normas éticas o morales. El sistema es el siguiente:

Si no quiero suspender y no estudio = Conflicto.

Si me da igual suspender y no estudio = Coherencia.

Si no quiero suspender y estudio = Coherencia.

Ya por último, puede que el conflicto sea más complejo que esto. Puede que no queramos estudiar, nos dé igual suspender, pero nuestro padre sea muy estricto con nuestros estudios. En ese caso es probable que la amenaza en el territorio no sea el profesor ni el examen sino nuestro padre (amenaza) en nuestra casa o en nuestra vida (territorio). Entonces igualmente deberemos buscar la coherencia pero no jugando con los términos “profesor, examen, estudios” sino con “padre, vida, casa, estudios”. Entonces se nos abre otro tipo de conflicto: No podemos ser fiel a nuestras creencias y a las de nuestro padre a la vez. ¿Podemos encontrar una reconciliación? ¿Puedo hacer pasar mis creencias por encima de las suyas y tomar el control de mi vida? ¿Puedo aceptar las creencias de mi padre a cambio de mi salud? ¿Puedo hablar con él de lo que me preocupa? Pero lo más importante es que: Tomando conciencia del conflicto y de las posibles soluciones, afronto la situación y dejo que sea mi biología quien lo haga por mí.

Lo dejo aquí porque, como podéis ver, la búsqueda puede ser infinita y podemos encontrar conflictos unidos que se remontan más y más atrás en el tiempo o que unen a más y más personas… pero al final siempre se trata de lo mismo:

¿Soy capaz de asumir y afrontar el cambio de paradigma que la vida me propone?

Y la respuesta es siempre SI.

Gracias a todos. Un fuerte abrazo.

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Como afrontar un cambio de paradigma III: Nos ponemos en marcha.

Y llega el momento de aplicar todo lo dicho sobre las resistencias y la culpa usando el Diccionario Bio-Emocional 2016. Voy a poner algún pequeño ejemplo de uso diario para que nos podamos ver reflejados todos y sacarle algún provecho. No os preocupéis si todavía vamos lentos, nos perdemos, o se nos escapan conceptos, todo se andará y todo llegará a su tiempo. De momento veamos el caso de un resfriado de larga duración, de los que solemos decir que no se han curado bien o están mal-curados.

Nos damos cuenta que hace dos semanas que tenemos un resfriado que no termina de irse. Quizá no tenga unos síntomas muy fuertes ni nos impida hacer muchas de las cosas habituales pero, por alguna razón que desconocemos, parece que quiere seguir con nosotros bastantes días más. De repente nos preguntamos: “¿Tendrá este resfriado un origen emocional? ¿Podrá la “bio” ayudarme? Voy a mirar el diccionario”.

En este momento, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que la resistencia ya nos lleva ventaja. Concretamente dos semanas de ventaja. Lo segundo, y muy importante, es “no sentirnos culpables por ello” o la resistencia habrá ganado. Estas semanas de retraso, responden simplemente a querer afrontar el resfriado desde el paradigma de la medicina convencional que dice: “Se me ha metido dentro un resfriado que deambulaba por alguna parte y debo luchar contra él para que se vaya de mi interior. Debo acabar con él”. Esto no es malo, muchas veces los resfriados vienen y se van solos y controlando los síntomas con una medicación suave o incluso natural, podemos pasar el mal momento casi sin darnos cuenta. El problema radica en que no hemos sido conscientes de que hemos escogido este paradigma y dejado de lado otros. El paradigma del tratamiento convencional, apareció y se puso en marcha de forma automática.

Bien, ahora lo vemos, por lo tanto, ahora podemos actuar. ¿Cuál es la resistencia que se nos ha pasado? Muy fácil, la de escuchar el mensaje del resfriado. No hemos querido hacerlo antes, no hemos pensado en ello, no se nos ocurrió o no lo vimos importante… Primera resistencia localizada y ¡atención! Primera culpa que aparece: “Debí verlo, debí hacer algo, es culpa mía por no poner atención…”. Fijémonos que mientras nos culpamos por no haber hecho nada antes, seguimos sin hacer nada y, además, las ganas de hacer algo distinto al respecto se disipan. De repente nos olvidamos del diccionario y nos apetece otra aspirina u otro zumo de limón con agua caliente y miel.

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Bien, pues vamos a poner consciencia y a parar los efectos de esa culpa. Vamos a perdonarnos por no haber visto esto antes, no tiene más importancia. Tampoco hace falta culpar al “ego”, muchas veces solemos hacerlo: “¡Claro! El ego me engaña y me hizo creer que la mejor solución era otra, maldito ego…”. Se trata del mismo proceso, la culpa y la resistencia. Me culpo a mí o culpo a otro (en este caso al ego), solo que cuando culpo a otro (proyección) no puedo hacer nada al respecto; he perdido el control. Por muchas ganas que tengamos de ir a los juzgados a poner una demanda a nuestro ego por perpetuar un resfriado, mejor será tomar otro camino, me temo que la demanda no prosperaría… No sigamos pues por ahí y vamos a probar de perdonar.

Perdonar significa ver la resistencia y la culpa y seguidamente quitarle la importancia que nosotros le hemos damos, y que en realidad no tiene. Podemos fijarnos, y eso nos será de gran ayuda para situarnos, que tanto el proceso de resistencia como la culpa siempre aparecen cuando estamos abducidos en el pasado o el futuro, así que, una forma de comprobar la eficacia del perdón será observar como finalmente volvemos al presente sintiéndonos libres de culpa.

Ahora sí, ahora podemos volver a la búsqueda con normalidad. Podemos ver que, una vez nos libramos de la culpa, nos vuelve a apetecer buscar una solución en el diccionario. Y si por esas cosas ya nos hemos preparado el zumo de limón con agua caliente y miel, pues nos lo tomamos mientras leemos, que bueno será.

Otra cosa: cuando nos ponemos a leer el diccionario, solemos ir directamente al apartado “Conflictos”, eso es debido a que seguimos otro tipo de paradigma basado en otra resistencia y otra culpa. Concretamente el que dice que “la enfermedad es culpa de un conflicto (proyección) que no supimos ver (aceptación de la culpa)”. Evidentemente se trata de otra resistencia (culpa), que sigue el mismo patrón anterior: “Debo localizar el conflicto y erradicarlo”. En realidad hemos cambiado el concepto de “el resfriado se me metió dentro” por el de “fue el conflicto el que se me metió dentro”, pero si nos fijamos, seguimos en las mismas. En resumen estamos en: “hay algo que es malo, que es externo a mí (y por lo tanto no soy yo) que me hace daño y debo luchar contra ello”.

En realidad no existe nada “malo”, simplemente una experiencia que al percibirla, juzgamos como “mala” debido a unas creencias que así nos lo indican. La definición de conflicto que usamos en “bio” y debemos comprender (e instalar definitivamente en nuestro sistema operativo) es la siguiente:

Conflicto: Oposición entre dos ideas/creencias que nos hacen pensar/actuar en direcciones opuestas de forma consciente o inconsciente.

Y muy importante: Muchas veces una idea/creencia es consciente y la que está en oposición es inconsciente, por eso no vemos el conflicto.

A la luz de esta nueva definición, de repente ya no existe culpa, solo error. La solución del conflicto pasa por localizar las dos ideas/creencias y reconciliarlas o tomar una decisión sobre una u otra.

(Hago un paréntesis para explicar que la primera opción: reconciliar las opciones, sería una opción en femenino mientras que la segunda, la de tomar una decisión sería en masculino. De esto hablábamos con Víctor en la entrevista publicada en el último post, cuando salió lo de “cortar” y de que la “bio” actúa demasiado en masculino. Y esta es la idea general que se puede desprender del prólogo del diccionario y que tanto me gustó de Víctor. Esto se debe a que por el tipo de mundo o sociedad en la que vivimos, se ha popularizado la respuesta a la que estamos más acostumbrados, la respuesta masculina. Eso no significa que los buenos terapeutas no usen las dos formas, ni que una se enseñe más que otra, simplemente viene por una inercia de una sociedad masculinizada. En un momento determinado puede ser muy útil cortar algo y tomar una decisión, se trata de una respuesta rápida para una situación urgente. En otros momentos, lo mejor será profundizar para encontrar la reconciliación de las ideas/creencias).

Por lo tanto, una vez visto esto y siguiendo adelante, nos encontramos de repente ante el hecho de que: La resolución del conflicto, o sea, nuestra salud, es responsabilidad nuestra. Y esa responsabilidad pasa por comprender el conflicto u oposición de ideas/creencias.

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Soy consciente de que hay una gran resistencia en este punto de asumir la responsabilidad. Quizá nos digamos: “Hombre, para un resfriado, estoy de acuerdo que tengamos una responsabilidad, pero ¿qué me dices de un cáncer? ¿O de una leucemia que acaba con la vida de un niño?”. El poder de la culpa en nosotros es mucho mayor de lo que ni siquiera somos capaces de imaginar, solo que no lo notamos mientras nos movemos en paradigmas bien delimitados y conocidos. A medida que nos adentremos y profundicemos en el concepto de Solución biológica, iremos comprendiendo más todo esto y nos será más fácil ampliar horizontes. Sigamos pues, de momento, con el resfriado que nos atormenta de hace días, que siempre es más fácil de aceptar y comprender.

En el siguiente post estudiaré un caso de resfriado siguiendo la entrada “CATARRO” del diccionario Bio-Emocional 2016.

Hasta entonces, un fuerte abrazo y no os resfriéis.

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Charla con Víctor Brossa

Vídeo de la charla que tuvimos el pasado sábado en Espai Daleth, Barcelona con Víctor Brossa y que muy amablemente grabó, editó y ahora ha subido a las redes.  Estoy tremendamente agradecido por su aportación al proyecto. También podéis verlo en su web:

Vídeo en galerialalinea.com

Puedo decir que fue un verdadero honor compartir con él ese momento, como lo es ahora el poder compartirlo con todos vosotros. Muchas gracias.

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Como afrontar un cambio de paradigma II: La culpa

Antes de todo debo aclarar que mi intención es hacer simples, temas que suelen resultarnos confusos, lejanos, oscuros y en ocasiones, demasiado profundos. Y además pretendo hacerlo en el marco de un artículo, o sea, que pueda ser leído en pocos minutos. Soy muy consciente de la dificultad de eso y que por lo tanto queden dudas sin resolver. Por eso adjunto una relación de recursos que se pueden consultar (vídeos y libros) y a la vez os invito a que planteéis vuestras preguntas en los comentarios. Intentaré responderlo todo lo mejor que pueda. Muchas gracias. Vamos allá:

Hemos visto que cuando se presenta un cambio en nuestras vidas, ya sea voluntario o forzado, se nos presentan unas resistencias.

Hemos visto también, que estas resistencias responden a una contrafuerza de igual intensidad a la que nuestro cambio suscita.

Hemos aprendido a observar estas resistencias sin “negarlas” ni “proyectarlas”.

Y hemos visto que cuando hacemos esto, una culpa aparece detrás de todo ese proceso de resistencia. A veces la identificamos fácilmente, a veces aparece en forma de “miedo”, aunque también es posible que, a veces, no logremos verla.

Para los que todavía tengáis dudas sobre eso, veamos lo siguiente:

Si no podemos ver nada que de sustento a la resistencia la pregunta es: “¿de dónde viene esa resistencia?”. Algo debe provocarla. Sigamos observando, sin juicios, tranquilamente, aparecerán el miedo o la culpa. Si no aparece, es que todavía estamos “negando”. Una resistencia es una precaución, y no aparece si no hay un miedo.

Si lo que vemos es una sensación de miedo, pero no vemos ninguna culpa, planteémonos: “¿Qué es el miedo?” El miedo es la sensación que nos avisa de que “nos puede pasar algo desagradable”, esa sensación, evidentemente, se sustenta en la creencia de que “es posible que pueda pasarnos algo desagradable” y esa creencia, a la vez, debe fundamentarse en la creencia oculta de que “merecemos que nos pase algo desagradable”. Ese merecimiento no puede sino estar soportado por una sensación de culpa: Soy culpable, por lo tanto, merezco un castigo.

Esta lógica está muy bien explicada y desarrollada en Un Curso de Milagros. Para todos los que no estéis familiarizados con Un Curso de Milagros os recomiendo alguna de las siguientes lecturas o vídeos además del propio material del Curso:

  • Una introducción básica a Un Curso de Milagros (Kenneth Wapnick)
  • La desaparición del Universo (Gary Renard)
  • Despertando del sueño (Gloria y Kenneth Wapnick)
  • Descubriendo Un Curso de Milagros (Jon Mundy)
  • Lección 101 de Un Curso de Milagros (Jon Mundy)
  • Un Curso de Milagros. Conceptos básicos (vídeo) – https://www.youtube.com/watch?v=K4uYa4rVvXc
  • Ideas básicas para el trabajo con Un Curso de Milagros (vídeo) – https://www.youtube.com/watch?v=zDIqFAgmeTg

introduccion

Ahora, una vez aceptada y asumida la responsabilidad sobre las resistencias, podemos contemplarlas y ver como estas se transforman en lo que pretendían esconder: La culpa. Pero, ¿Qué es esa culpa? Y a la vez, ¿qué esconde?

Si bien observar las resistencias nos ha permitido ver lo que estas esconden con cierta facilidad o con una dificultad aceptable, es muy probable que hacer lo mismo con la culpa nos sea mucho más difícil. Aquí la negación o, en su defecto, la proyección parecen tomar mucha más fuerza:

“¿Cómo no vamos a tener miedo y sentirnos culpables en un mundo como este? ¿Rodeados de una gente como esta? Violencia, corrupción, guerras, violaciones… ¿Con los pocos recursos de que dispongo y que, encima no me dan más? ¿Si ni siquiera puedo acceder a un trabajo, a una pareja, a mis hijos… a tantas cosas que necesito?”

Frases como estas o parecidas suenan a menudo en nuestra cabeza. Se trata del intento de proyectar esa sensación de culpa que empezamos a sentir y no queremos asumir. Y si no las reconocemos probemos de ver o escuchar una de las tertulias de algún programa de tv sobre política, sociedad, etc. Veremos de inmediato este proceso de proyección funcionando a toda máquina.

¡Espectacular!

Bien, pongamos que ya hemos localizado la poco agradable sensación de culpa – o sea, que no la negamos – y que ya hemos asumido que habla de nosotros y desde nosotros – o sea, que no la hemos proyectado – ¿Qué hacemos entonces?

Primero: Vamos a identificarla. No nos quedemos en la superficie. Podemos observar a donde nos lleva – la culpa puede tomar varias formas, por ejemplo: “no soy capaz de…”, “siempre hago daño a alguien cuando…”, “me equivoqué mucho con…”, “nunca logro…”, etc. – Como dice Kenneth Wapnick en Una breve introducción a Un Curso de Milagros: “…estas experiencias conscientes de culpa son sólo como la punta de un témpano de hielo… La culpa es realmente la suma total de nuestros sentimientos, creencias y experiencias negativas que hayamos tenido sobre nosotros mismos. Así que la culpa puede ser cua lquier forma de odio o rechazo a uno mismo; sentimientos de incompetencia, fracaso, vacío; sentimientos de que nos falta algo o de que carecemos de algo o de que algo está incompleto.” (pag. 42,43)

Segundo: Cuando tengamos identificada la culpa, no nos quedemos con esa etiqueta que le hemos puesto, vamos entonces a seguir el hilo de estos sentimientos, para irnos acercando a la culpa original, la que está escondida detrás (la que proviene del pecado original que el Curso identifica como “el origen de la separación”). Así podremos hallar la relación de la culpa con una situación de separación, de pérdida, carencia o de abandono: “Me separé”, “Abandoné”, “Me abandonaron”, “perdí…” etc.

Realizar este proceso de localización e identificación puede darse de forma bastante automática si estamos acostumbrados a escucharnos. Pero repito, no suele ser tarea fácil, pues el ego (o mente errada) en pro de nuestra supervivencia en este mundo, defenderá a capa y espada su mayor secreto.

Tercero: Si hemos conseguido descubrir, desvelar (des-ocultar) esa sensación de culpa, vamos ahora a contemplar la verdad que se oculta detrás. En el capítulo “Las ilusiones del ego” de Un Curso de Milagros hallamos una de las frases más esclarecedoras al respecto, y dice: “Los que creen estar separados siempre temen cambiar porque no pueden concebir que los cambios sean un paso hacia delante en el proceso de subsanar la separación. Siempre los perciben como un paso hacia una mayor separación debido a que la separación fue su primera experiencia de cambio”. (T-4.I.2:2,3)

Eso significa que, en realidad, es el propio sentimiento de culpa el que está validando la separación y haciendo real este mundo. Si seguimos observando vemos también que, en realidad, la culpa no puede existir porque la separación nunca ha existido. Se trata de una lógica circular en la que “lo que parece verdad, solo es verdad por la verdad que parece ser”.

logica_circularEn el capítulo 5, apartado V: “El uso que el ego hace de la culpabilidad” podemos leer lo siguiente: “La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a Dios. Es el símbolo del ataque contra Dios. Este concepto no tiene ningún sentido, excepto para el ego, pero no subestimes el poder que el ego le aporta al creer en él (el ego). Esta es la creencia de donde procede toda culpabilidad”. (T-5.V.2:9,12)

Esto nos reafirma que la propia culpa engendra la creencia en separación y el ego (o mente errada), y este (ego) se dispone a proteger la culpa a toda costa para perpetuar su existencia.

…Este concepto no tiene ningún sentido, excepto para el ego…”.

Lo que la culpa esconde, en realidad, es nuestra paz.

Cuarto: Finalmente debemos expiar esa culpa. Perdonar.

El proceso de expiación o de perdón, es algo realmente simple. Tan simple, que parece imposible. Por definición expiar o perdonar sería:

Dejar que se desvanezca lo que realmente nunca ha existido”. O sea, no seguir creyendo en ello.

De la expiación o el perdón hablaré otro día más en profundidad.

De momento, veamos el proceso seguido hasta ahora para no olvidarlo.

 

AHÍ VA UN RÁPIDO RESUMEN:

  1. La resistencia se puede presentar como una negación (el cambio que quiero realizar, en realidad no quiero realizarlo) o como una proyección (el cambio que quiero realizar no es correcto).
  2. Asumimos la responsabilidad y observamos la resistencia.
  3. La resistencia desaparece y en su lugar aparece una culpa o un miedo (que nos llevará a una culpa).
  4. La culpa en un principio puede también ser negada (no la vemos) o proyectada (la culpa es de alguien, de los demás o del mundo).
  5. Asumimos la responsabilidad y la observamos.
  6. La culpa, al no tener razón de ser, desaparece o mengua (perdonar es sinónimo de “quitar importancia que no tiene”).
  7. Retomamos el cambio. Veremos que de repente, vuelve a apetecernos meditar, leer Curso de Milagros, hacer ejercicio, o lo que sea que nos hayamos propuesto como nuevo paradigma.
  8. Observamos como de repente, las reglas del nuevo paradigma que antes nos costaba entender o retener, empiezan a estar más claras en nosotros. Hemos eliminado o reducido las trampas que nos impedían la flexibilidad mental.

Finalmente una advertencia: El ego (mente errónea) no se rinde tan fácilmente. Es probable que mañana o pasado, volvamos a encontrarnos con las mismas resistencias que creíamos haber superado pero en otra forma. ¡Felicidades! Lo que se ha superado una vez, se puede superar otra. Además ahora tenemos las herramientas.

Hasta pronto gente inocente. Un fuerte abrazo.

 

(Imagen: http://mestafais.deviantart.com/art/Logica-circular-355426427)

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Como afrontar un cambio de paradigma I: La Resistencia

La palabra paradigma podría definirse en este caso como: Contexto mental, normas, reglas y fundamentos de una forma de pensamiento. Esta forma de pensamiento y estas bases, generarán una forma de ver el mundo que a la vez generará una realidad en nosotros y en nuestras vidas. Dicho de otra forma, el paradigma define nuestra realidad. Así el soldado ve enemigos, el médico, enfermos y el camarero, comensales.

Si cambiamos nuestro paradigma, cambiará nuestra realidad.

Para muchos, entrar en el mundo bio o de las distintas bios es algo que impone un gran cambio de paradigma y afrontar eso no siempre es fácil. Voy a dar en estos artículos una breve guía de cómo afrontar un cambio de estas características con naturalidad, dando un repaso de los principales problemas con los que solemos encontrarnos.

Al entrar en un nuevo paradigma debemos, en primer lugar, comprender sus fundamentos, sus bases, sus reglas. Es evidente que no podemos aplicar las antiguas reglas al nuevo paradigma, pues eso supondría que, en realidad, no nos hemos movido de donde estábamos, solo le hemos cambiado la apariencia. Poniendo un ejemplo simple, sería como si al cambiar del paradigma “futbol” al paradigma “baloncesto” siguiésemos queriendo chutar el balón con el pié, pidiendo “fueras de juego” o “penalti” por tocar el balón con la mano dentro del área, estas, evidentemente son normas que se aplican al paradigma “futbol”, no al paradigma “baloncesto”. Creeríamos entonces que estamos en el nuevo paradigma “baloncesto” pero, en realidad, seguiríamos con las reglas del “futbol” en la cabeza, esperando que den el mismo resultado dentro de unas bases y reglas completamente nuevas.

El primer problema que nos encontramos en un proceso de cambio es el de la RESISTENCIA. Y esta se puede entender muy fácilmente con el siguiente principio:

Siempre que queramos ir hacia delante, se producirá una fuerza que nos empujará hacia atrás.

Eso es como la tercera ley de Newton o el principio de acción y reacción, que dice: “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto”. (Wikipedia)

Se trata de una reacción que tiene una clara función de supervivencia que podríamos resumir de la siguiente manera: Si algo funciona bien, no lo toques. Parece un plan sensato, pero el inconsciente biológico lo usa de forma desmesurada dándole el sentido de: Si he sobrevivido hasta ahora, no debo cambiar absolutamente nada. Esto entorpece mucho las cosas en una sociedad tan cambiante como la que vivimos, como podéis imaginar. Tenemos muchos ejemplos, empezando por nuestras propias vidas: De bebés estamos bien con mamá, pero el día en que nos llevan a la guardería, es un drama. Luego nos acostumbramos a la guardería, hasta el día en que nos cambian a primaria, luego a secundaria otro drama y así en cada cambio, una resistencia. Si por el inconsciente biológico fuese , nos quedaríamos junto a mamá por el resto de nuestras vidas. Cambiar y aceptar otro paradigma implica vencer la contrafuerza que nuestro avance genera. Otros ejemplos del poder de esta resistencia los podemos encontrar en las guerras, cuando se acercan las tropas enemigas, la gente mayor sienten que donde más seguros están es en la casa donde han vivido siempre y se niegan a abandonarlas y marcharse aun sabiendo que se corre el riesgo de perder la vida. También se ve este proceso en muchas películas, por ejemplo en “Dante’s Peak”, cuando un volcán amenaza con una erupción, la abuela de la familia se niega a escapar de su casa en la ladera de la misma montaña. El mismo programa de supervivencia es el que la condena. Es como si dijera: Esta es nuestra casa y aquí no nos pasará nada. Y si pasa, habremos hecho todo lo posible.

Nada hay más seguro que lo que ha sido seguro hasta ahora.

Más vale malo conocido que bueno por conocer.

Nueva imagen

 

La resistencia suele manifestarse de dos formas:

  • Negación de la resistencia: Todo cambio produce resistencia. Ver la resistencia, nos permite actuar con consecuencia. No ver la resistencia, sin embargo, nos condena a seguir atados a las mismas cadenas.

Cuando pregunto a la gente si notan la resistencia al cambio, la respuesta suele ser “NO”. Entonces pienso en la analogía de la rana que es zambullida en agua hirviendo, y que salta enseguida al exterior, pero si la misma rana se sumerge en agua fría y la vamos calentando lentamente, terminará muriendo hervida. Esa es la razón por la que muchas veces nos es más fácil superar un conflicto grande o aparentemente muy visible, que uno de pequeño o aparentemente invisible.

Cuando negamos la resistencia, cosa que suele ser inconsciente, solemos creer que ya hemos comprendido el mensaje e integrado el nuevo paradigma. Pongamos un ejemplo: Imaginemos a alguien que no sabe mucho de cocina y pretende cocinar. Cuando alguien le ponga delante el cambio de paradigma que implica el mundo de la cocina, la primera reacción, la de la negación, suele ser algo así como: “No, si a mí ya me gusta como cocino, hiervo muy bien la pasta y se hacer tortillas”. En este punto, no se ve la resistencia y se suele cree que se puede cocinar cualquier plato con solo proponérselo. Lo vemos todo muy fácil, y solemos poner la excusa de: “Si no cocino lo mismo que tal o cual cocinero, es porque no quiero” o “Si me pongo, lo hago”. La pista que debemos seguir para comprobar si estamos en este punto es NO TERMINAN DE SALIRME LAS OSAS PERO SIENTO QUE LO HAGO BIEN.

  • Proyectar la resistencia: En este punto, el error ya no está en nosotros sino en el portador del mensaje o en el mismo mensaje. Esta es la acción de pretender que la nueva información encaje en alguno de los compartimentos que ya tenemos en nuestra mente y que pertenecen al antiguo mensaje o paradigma.

En este caso, solemos creer que el nuevo mensaje o paradigma contiene algunos pequeños errores que una vez corregidos lo harán bueno para nosotros. En el caso del aprendiz de cocina, sería como si, una vez se ha dado cuenta de que le falta algo, en vez de tomar lecciones y practicar, se vistiera de cocinero, comprara utensilios nuevos, y cocinara los mismos espaguetis y la misma tortilla de siempre con ellos. Es probable que tanto los espaguetis como la tortilla sepan mejor, aunque seguramente se deba a la cazuela y la sartén recién estrenadas. Eso puede llevar al sujeto a creer que ha aprendido a cocinar, pero no es así. La excusa que suele ponerse en este caso es la de: “Los cocineros profesionales cocinan mejor porque tienen tal o cual cosa que yo no tengo, si yo la tuviera, cocinaría bien”. La pista que debemos seguir para comprobar si estamos en este punto es NO TERMINAN DE SALIRME LAS OSAS PERO SIENTO QUE SON LOS OTROS LO HACEN MAL.

Esto suele ocurrir a cada momento y en cada cambio pequeño o grande que se nos presente, aunque no somos muy conscientes de ello. Sin embargo, si lo analizamos, en seguida nos damos cuenta de que la mayoría de las veces, solemos caer en una de estas trampas de la resistencia o en las dos.

Entonces, cuando reconocemos la resistencia y nos vemos caer en estas trampas, es probable que tengamos la sensación de que nos equivocamos demasiado a menudo y que no hacemos las cosas bien. Entonces estamos ante la siguiente trampa: La culpa, que a veces llega disfrazada de miedo y que como veremos, se ha estado escondiendo ya detrás de la resistencia. ¡Eso es una buenísima señal! Siempre que llegamos a identificar la sensación de culpa es que estamos tocando un punto importante de resistencia a un cambio. Es señal de que vamos en la buena dirección, pues esta es la trampa más importante y de la que hablaré pronto. No olvidemos en este punto, no juzgarnos y recordar que se trata de una trampa.

Por cierto, si al leer lo de la culpa os habéis dicho para vosotros “yo no siento culpa”, releed el punto 1: Negar la resistencia. Si habéis pensado “probablemente quien sienta culpa sea el autor de este artículo” o “Yo ya sé quien siente culpa“, releed el punto 2: Proyectar la resistencia. Es así de sutil y en ello caemos todos ante el mínimo despiste.

La gente que empieza a observar y comprender estos procesos de resistencia, al leer estas cosas suele asentir con la cabeza y sonreír. Pues los reconoce o se reconoce.

Un fuerte abrazo. Yo me retiro a seguir observando mis resistencias hasta el próximo artículo.

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Nuevos artículos

Ayer por la tarde/noche recibí varios correos y mensajes de gente que me pedían como generar un cambio positivo en su vida o en su salud. Unos lo ligaban al diccionario y a la BIO, otros lo hacían de una forma más general. Como suelo fijarme mucho en las señales y casualidades significativas, voy a empezar una serie de artículos relacionados con los cambios de paradigma en general y el paradigma de la BIO en particular.

En estos artículos, voy a centrarme en esas cosas que no se suelen comentar, todo eso que se dejar de lado, o esos puntos que se asumen como no importantes. Esas cosas que, sin embargo, son claves para un proceso correcto de despertar a un nuevo paradigma.

En principio irán dirigidos a esas personas que, como yo hace pocos años, están empezando en todo este mundo. Gente que siente que ya no le sirven los viejos patrones, las viejas formas de hacer y quieren romper con viejos hábitos. Pero también será una buena forma de organizar cierta información para aquellos que ya lleváis años en el proceso de cambio o en el mundo BIO.

El primero hablará de las resistencias a los cambios de paradigma y lo tengo ya empezado. Si todo va bien, en pocas horas lo publicaré, así que, un fuerte abrazo, nos ponemos las pilas y ¡vamos a por ello!

Joan Marc.

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